Un recorrido profundo por las dinámicas familiares sistémicas y cómo sanar las alianzas invisibles que nos unen
CÓMO AYUDAR A MI FAMILIA Y LAS ALIANZAS SISTÉMICAS.
Pilar Vivó Murciano +34 años Lic. en Psicología. Profesora de Psicología y Pedagogía. Ministerio de Educación. España. Centro de Psicología Pilar Vivo (https://www.pilarvivo.com/) |
Como directora de Enseñanza Sistémica S.L., un proyecto avalado por Brigitte Champetier de Ribes desde INSCONSFA, yo, Pilar Vivo Murciano, presento este programa formativo desde la certeza profunda de que la educación y las familias requieren hoy una mirada capaz de integrar lo individual, lo relacional y lo transgeneracional. Mi recorrido profesional como psicóloga clínica y educativa, especialista en Sistémica Familiar, me ha llevado durante más de 34 años a acompañar a miles de familias, jóvenes y adultos tanto en el ámbito clínico privado como en instituciones públicas y educativas. Esta experiencia me ha mostrado que comprender a una persona únicamente desde su conducta o desde su síntoma limita la intervención; en cambio, cuando aplicamos la mirada sistémica, se revela un mapa completo que incluye los movimientos invisibles del sistema familiar, las lealtades inconscientes y los enredos transgeneracionales que influyen en el bienestar de cada miembro.
Gracias a esta perspectiva, puedo identificar con claridad los enredos entre los miembros de la familia, los desequilibrios jerárquicos, los lugares ocupados por sustitución o los vacíos que generan tensión en la estructura sistémica. Desde ahí, mi intervención se orienta siempre a restaurar la homeostasis, es decir, el equilibrio natural y saludable del sistema familiar.
Mi trabajo, tanto desde la consulta como desde la formación, se centra en acompañar a las personas y a los profesionales para que puedan ver estas dinámicas con nitidez, comprender su origen y permitir que emerjan movimientos de solución que favorezcan el orden, el bienestar y el crecimiento de todos los implicados. Como Pilar Vivo Murciano, mi compromiso continúa siendo ofrecer una mirada profunda, respetuosa y transformadora al servicio de las familias y de la comunidad educativa.
La práctica profesional que aquí presento se fundamenta en una sólida formación en los principales modelos de Terapia Familiar Sistémica, incorporando de manera integrada y respetuosa las aportaciones de los autores que han marcado la evolución de la mirada sistémica a lo largo de las últimas décadas. Una de las bases de este enfoque es el Modelo Estructural de Salvador Minuchin, que permite comprender la organización interna de la familia, los límites entre subsistemas, las jerarquías y los patrones relacionales que determinan el funcionamiento del sistema. A ello se suma la precisión del Modelo Estratégico, inspirado en los trabajos de Jay Haley y Cloe Madanes, que ofrece herramientas claras para intervenir en las secuencias interactivas y promover cambios efectivos. También se integran las perspectivas del Modelo Narrativo y del Modelo Centrado en Soluciones, desarrollados por Steve de Shazer e Insoo Kim Berg, que ponen el foco en los recursos, las excepciones, las narrativas identitarias y la capacidad de cada sistema para construir alternativas saludables. La mirada ecológica y relacional del Modelo Contextual, fuertemente desarrollado por Maurizio Andolfi, enriquece la intervención al rescatar la importancia del vínculo, la función de los cuidadores, la implicación emocional y la ampliación del campo terapéutico.
A esta base clínica se suma, de manera esencial, el Modelo de Constelaciones Familiares y el enfoque fenomenológico que ha transformado la comprensión profunda de las dinámicas transgeneracionales, las lealtades invisibles y los movimientos del alma familiar. Dentro de este marco, las aportaciones de mi maestra Brigitte Champetier de Ribes ofrecen una mirada precisa sobre el orden, la pertenencia, el equilibrio y la conciencia ampliada que sostiene los movimientos de solución en los sistemas humanos. Esta integración de modelos me permite trabajar con profundidad, amplitud y coherencia, eligiendo en cada caso las herramientas más adecuadas para acompañar a las familias hacia un orden más saludable y una vida más plena dentro de su propio sistema.
En el trabajo clínico y sistémico es frecuente observar que, de manera inconsciente, los miembros de una familia buscan ayudar a sus seres queridos movidos por el amor profundo y la lealtad familiar que sostiene a todo sistema humano. Esta fuerza primaria hace que muchos acudan a consulta solicitando ayuda para sí mismos o, a menudo, para algún otro miembro del sistema: un hijo, una pareja, un hermano, un padre o incluso varias generaciones simultáneamente.
Aunque la demanda individual se exprese como un síntoma, un conflicto, un malestar emocional o una dificultad concreta, lo que emerge en la profundidad es siempre un movimiento de amor que intenta aliviar a otro miembro del sistema, reparar una injusticia pasada, asumir un dolor que no les corresponde o equilibrar algo que quedó pendiente en generaciones anteriores. Este impulso es tan poderoso que puede generar, sin que la persona lo perciba, enredos sistémicos, sustituciones, identificaciones, desórdenes jerárquicos y movimientos de compensación que se manifiestan en forma de sufrimiento, bloqueos o síntomas que parecen individuales, pero que en realidad pertenecen a la historia de la familia. Lo paradójico es que estos desórdenes, aunque generan malestar, no son errores del sistema, sino manifestaciones necesarias para revelar aquello que necesita ser visto, reconocido e integrado para la evolución del conjunto. El síntoma o el conflicto no aparece para destruir la estructura familiar, sino para señalar el lugar donde falta orden, donde falta pertenencia o donde el equilibrio se ha perdido. Por eso, cuando un miembro de la familia pide ayuda —ya sea por sí mismo o en nombre de otro— está expresando, muchas veces sin saberlo, el llamado del sistema familiar a restaurar su homeostasis, a recolocar lo que quedó fuera de lugar y a permitir que la vida pueda avanzar sin cargas indebidas. Comprender este movimiento amoroso y profundo permite que la intervención sistémica sea respetuosa, precisa y orientada a devolver a cada persona su lugar, facilitando así un crecimiento más consciente para todos los integrantes del sistema.
Para comprender con verdadera profundidad el funcionamiento de una familia y poder intervenir con claridad desde la mirada sistémica, es imprescindible conocer primero los sistemas y subsistemas que la constituyen, pues cada uno de ellos cumple funciones específicas, mantiene reglas propias y establece vínculos que influyen directamente en el equilibrio global. Una familia es un sistema vivo, dinámico e interdependiente, en constante reorganización, donde cada miembro pertenece simultáneamente a varios niveles relacionales.
En primer lugar, encontramos el subsistema conyugal o de pareja, núcleo fundador del sistema familiar, que requiere límites claros, una jerarquía definida y un espacio emocional propio. A partir de él surge el subsistema parental, encargado de las funciones de protección, cuidado, autoridad y guía hacia la generación más joven. Posteriormente, se desarrolla el subsistema fraternal, donde los hijos experimentan igualdad, rivalidad, pertenencia, cooperación y diferenciación.
Existen también el subsistema individual, que representa el espacio de autonomía e identidad de cada miembro, y el subsistema intergeneracional, que abarca a abuelos, tíos y demás ascendientes cuyos destinos, duelos o exclusiones influyen en los descendientes.
Sin embargo, el sistema familiar sigue evolucionando: cuando los hijos alcanzan la adultez, se incorporan los subsistemas de jóvenes adultos, donde se redefine la autonomía respecto al sistema de origen. Cuando estos hijos adultos forman pareja, surge un nuevo subsistema conyugal emergente, que necesita diferenciarse del sistema original para constituirse con solidez. A su vez, cuando estas nuevas parejas tienen hijos, se crean nuevos subsistemas parentales y fraternales, expandiendo el sistema familiar y generando una reorganización jerárquica que requiere nuevas formas de equilibrio.
Conocer todos estos sistemas y subsistemas, tanto los originales como los emergentes, es esencial para comprender la dinámica interna de una familia y orientar cualquier intervención hacia la restauración del orden, los límites y la homeostasis sistémica.
Del mismo modo, para comprender de forma completa el funcionamiento de una familia, es esencial conocer las fases de evolución del sistema familiar, ya que ninguna familia permanece estática: todas viven procesos de transformación, transición y reorganización que modifican su estructura, sus roles y sus dinámicas internas. Un sistema familiar es un organismo vivo en movimiento continuo, que se adapta a las necesidades de sus miembros, a los cambios del ciclo vital y a las circunstancias que rodean su historia.
Desde la formación de la pareja, el nacimiento de los hijos, la crianza, la adolescencia, la salida del hogar, la conformación de nuevas parejas, la llegada de nietos o el envejecimiento de los progenitores, cada etapa exige ajustes, redefiniciones y nuevas formas de vincularse. La mayor parte de las dificultades que aparecen en consulta se originan cuando el sistema, o alguno de sus miembros, encuentra obstáculos para situarse plenamente en el momento presente, quedándose fijado en lealtades pasadas, roles antiguos, expectativas desactualizadas o posiciones que ya no corresponden al lugar vital en el que deberían estar. Cuando una familia no logra transitar de forma saludable de una fase a la siguiente, surgen tensiones, síntomas y desórdenes que expresan la necesidad de revisar el equilibrio y de recolocar a cada persona en la etapa y en el lugar que le corresponde. Los problemas no surgen por el cambio en sí, sino por la resistencia al cambio, por la dificultad para soltar formas antiguas de funcionamiento o por la tendencia a mantener dinámicas que fueron adaptativas en el pasado pero que ya no lo son. Por eso, conocer las etapas evolutivas del sistema familiar permite comprender las dificultades no como fallas, sino como señales que invitan a acompañar a la familia hacia su actualización, facilitando que cada miembro pueda estar en el aquí y ahora de su propio ciclo vital, desde un lugar equilibrado, consciente y acorde al movimiento natural de la vida.
Las crisis normativas del ciclo vital familiar constituyen momentos de transición que, aunque forman parte del desarrollo natural de cualquier sistema, suelen generar tensiones, confusiones y reajustes necesarios para la evolución del conjunto. Cada una de estas crisis —la formación de la pareja, la llegada del primer hijo, la crianza inicial, la entrada en la escuela, la adolescencia, la emancipación de los hijos, el envejecimiento de los padres o la conformación de nuevas familias a través de generaciones— exige una actualización profunda de los roles, límites, funciones y jerarquías. Lo que antes funcionaba deja de ser válido, y el sistema debe reorganizarse para responder a las nuevas demandas.
Sin embargo, muchas familias atraviesan estas transiciones sin disponer de los recursos internos o de la flexibilidad emocional necesarios, lo que provoca que algunos miembros queden anclados en posiciones antiguas o asuman responsabilidades que ya no les corresponden. En estos momentos emergen síntomas, conflictos relacionales, dificultades en la comunicación, problemas de conducta en los hijos o malestares emocionales que expresan la necesidad urgente de reorganización interna.
Acompañar a una familia en estas crisis implica ayudarla a reconocer la etapa vital en la que realmente se encuentra, a identificar los movimientos que requieren actualización y a comprender que el malestar no es patológico, sino un indicador de que algo nuevo está intentando nacer. Desde la mirada sistémica se facilita que cada miembro recupere su lugar, que la pareja redefina sus funciones, que los hijos transiten hacia mayores niveles de autonomía y que los ancianos puedan ocupar un lugar de sabiduría y retirada progresiva. De este modo, las crisis normativas se convierten en portales de crecimiento y no en rupturas, permitiendo que la familia avance con más solidez, equilibrio y coherencia en el proceso natural de su evolución.
Como psicóloga clínica del centro que lleva mi nombre, Centro de Psicología Pilar Vivo (https://www.pilarvivo.com/), quiero señalar que existen múltiples señales que indican que un sistema familiar necesita apoyo para restablecer su equilibrio y avanzar hacia una nueva fase evolutiva. Una de las más frecuentes es la aparición de síntomas persistentes en uno de los miembros —ansiedad, tristeza, conductas disruptivas, dificultades escolares, conflictos de pareja, bloqueos vitales o problemas relacionales— que no se resuelven con estrategias estrictamente individuales y que parecen repetirse o intensificarse con el tiempo.
Desde la mirada sistémica, estos síntomas no se interpretan como fallas personales, sino como mensajes del sistema, expresiones de un desorden, una lealtad oculta o un movimiento que quedó detenido en alguna etapa vital. También es una señal relevante la presencia de conflictos recurrentes entre distintos miembros de la familia, que a pesar de los intentos conscientes de resolverlos vuelven a aparecer una y otra vez, indicando que existe una dinámica profunda que necesita ser vista.
Asimismo, ocurre cuando un miembro de la familia asume roles que no le corresponden —un hijo que actúa como confidente de un adulto, un adolescente que sostiene emocionalmente a un progenitor, una madre o un padre que no logra ejercer la autoridad que le corresponde— lo que revela un desajuste jerárquico que exige intervención para devolver a cada persona su lugar natural dentro del sistema. Otra señal significativa es la dificultad para adaptarse a las transiciones del ciclo vital, como la llegada de un hijo, la adolescencia, la emancipación, la entrada de nuevas parejas, la convivencia con los abuelos o los procesos de duelo. Cuando estas transiciones generan dolor, confusión o estancamiento, es probable que la familia necesite acompañamiento para actualizar sus roles y reorganizar sus vínculos. En todos estos casos, la intervención sistémica aporta una mirada amplia, respetuosa y profunda que permite comprender qué se está expresando a través del síntoma y cómo puede el sistema recuperar el orden, la pertenencia y el equilibrio.
La consulta se convierte entonces en un espacio donde la familia puede verse con más claridad, liberar cargas innecesarias y generar movimientos de solución que favorezcan el bienestar y la evolución de todos los miembros. Las Constelaciones Familiares, se han consolidado además como una herramienta altamente eficaz para descubrir las dinámicas ocultas que operan en los sistemas familiares y que, muchas veces, se encuentran fuera del alcance de la comprensión consciente. Su potencia reside en la posibilidad de revelar lo que actúa en el trasfondo, permitiendo que aquello que permanecía invisibilizado —enredos, identificaciones, lealtades, exclusiones o desórdenes jerárquicos— pueda finalmente ser visto y reconocido. Este acto de ver, desde un lugar adulto y abierto, inicia de manera natural un movimiento interno de reajuste, que favorece la restauración de la homeostasis en el sistema completo a través del propio constelado o consultante. Sin embargo, la eficacia real de esta herramienta depende profundamente de la pericia del constelador, de su capacidad para observar sin juicio, sostener el campo fenomenológico y moverse con respeto dentro de las leyes sistémicas que rigen todo sistema humano. Esta pericia sólo puede adquirirse mediante una formación exhaustiva, rigurosa y prolongada —tanto teórica como vivencial— que permita al profesional desarrollar una sensibilidad fina y una mirada amplia que integre lo emocional, lo energético, lo corporal y lo relacional. Al mismo tiempo, la eficacia de la constelación se relaciona de forma directa con la actitud de los participantes y, especialmente, con la del consultante. Una constelación sólo puede avanzar cuando el constelado adopta una actitud adulta, abierta y receptiva, capaz de aceptar lo que se muestra sin intentar manipularlo según sus deseos o temores. Esta actitud implica también la disposición a ocupar el lugar que le corresponde dentro de su sistema, abandonando roles asumidos por amor o lealtad que ya no le pertenecen. Cuando esta disposición madura se une a la habilidad del constelador y a un campo grupal respetuoso, la constelación se convierte en un proceso profundamente transformador que facilita movimientos de solución y libera a la familia hacia un orden más sano, pleno y coherente.
Quiero finalizar expresando desde lo más profundo de mi ser un agradecimiento sentido a Brigitte Champetier de Ribes, cuya formación, acompañamiento y ejemplo han impulsado de manera decisiva mi evolución profesional y personal. Su enseñanza rigurosa, su claridad, su presencia y su fidelidad absoluta a las fuerzas del amor han sido para mí una guía imprescindible, no sólo para perfeccionar mi práctica clínica y mi capacidad de acompañar a las familias, sino también para avanzar en mi propio camino interno con mayor humildad, apertura y respeto por los movimientos de la vida. A través de su mirada y su transmisión, he aprendido a colocarme al servicio de algo más grande, a confiar en la sabiduría profunda de los sistemas humanos y a asumir con serenidad y responsabilidad la misión que me corresponde desempeñar en este mundo. Gracias a su legado, hoy puedo sostener mi labor con un sentido más amplio, más verdadero y más conectado con la fuerza del amor que une a todos los miembros de una familia y que nos impulsa, siempre, hacia la reconciliación, el orden y la paz.
Con amor y gratitud incondicional a mis padres Renan y Pilar, mi marido Manuel, nuestros hijos en común Adrián y Lucia, y sus parejas actuales, que me han enseñando cual es mi nuevo lugar.
Con enorme gratitud a mis compañeros de Insconsfa y a José Gracia, por su lealtad , confianza y apoyo constante.
Pilar Vivó Murciano
Pilar Vivó Murciano - Psicóloga Colegiada CV-3374 Taller - Cómo ayudar a la familia desde mi lugar - Escuela de Padres y Familias Centro de Psicología Pilar Vivo (https://www.pilarvivo.com/) |
Si este artículo ha resonado contigo y deseas explorar las dinámicas de tu familia, puedo acompañarte en un proceso de constelación familiar o terapia sistémica.